Diplomáticamente, la concentración de Los Pumas es una caldera. Tras el enorme triunfo ante Inglaterra, Alejandro Risler y el plantel argentino casi ni se vieron las caras. El no-trato de los dirigentes con los referentes del equipo se mantiene y la situación se hace cada vez más tensa.
"Ni una felicitación". Eso declararon en varios
medios los voceros del conjunto capitaneado por Agustín Pichot acerca
de la actitud del Presidente de la UAR, que sólo habría tenido
algunas palabras de reconocimiento con el coach Marcelo Loffreda.
Para ponerle más hielo a la ya fría relación
actual, en el tercer tiempo del encuentro ante Inglaterra en Twickenham, cuando
la principal autoridad de la Unión Argentina de Rugby se disponía
a dar un discurso formal frente a los representantes de la IRB y de la Rugby
Football Union, los 30 jugadores dieron media vuelta y se marcharon ante la
atónita mirada de los presentes. ¿El destino? Uno de los baños.
Según relató un enviado especial del diario La
Nación, la movida habría sido orquestada de ante mano en franca
protesta por la falta de comunicación de Risler con el plantel y la cantidad
de fallas organizativas desde que Los Pumas pisaron suelo europeo. "El
presidente no bajó al vestuario a saludarnos, es una vergüenza",
declaró Mario Ledesma en la versión digital del medio.
Como si se quisiera poner aún más distancia entre
los dirigentes y los jugadores, el dirigente rosarino ni siquiera se hospedó
en el mismo hotel que el plantel en la estadía en Londres. Además,
retrasó su llegada a Roma. Alcanzará al equipo el miércoles
junto con el Secretario Raúl Sanz, otro personaje polémico y urticante
para el equipo argentino.
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